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La selva amazónica: La última frontera de la “ceguera de los ríos”

Familia de Barinas ¿has escuchado hablar de las “ceguera de los ríos”? Bien, para muchos de nosotros es un tema desconocido, pero no menos importante, al contrario, debemos prestarle mucha atención a la “ceguera de los ríos” y su relación con nuestra selva amazónica, acompáñanos.

La oncocercosis o ceguera de los ríos es una enfermedad parasitaria crónica causada por un gusano nematodo llamado Onchocerca volvulus y transmitida por varias especies de moscas negras. La infestación parasitaria ocasiona lesiones potencialmente severas en la piel y los ojos, llegando a ser la segunda razón más importante de ceguera en el mundo. Alrededor del 99% de los casos de oncocercosis ocurren en África. Hacia el 2008, alrededor de 18 millones de personas estaban infectadas con este parásito y alrededor de 300.000 personas habían quedado permanentemente ciegas. La oncocercosis es actualmente endémica en 30 países africanos, Yemen y algunas regiones de Sudamérica.

En los últimos años, los médicos y científicos se han propuesto combatir al parásito, con respecto a África, la lucha es más difícil, dado que muchas de estas naciones son presa de conflictos internos, guerras intestinas que impiden el trabajo de los médicos y científicos, por eso la ceguera permanente, debido a la acción del parásito Onchocerca volvulus en esta región, es realmente escandalosa. Pero en el caso de América, lo científicos consideraban la enfermedad erradicada, pero resulta que no lo estaba, el escurridizo Onchocerca volvulus se refugió en el lugar menos accesible para la ciencia, nada más y nada menos que en la selva amazónica, en el seno de una de las etnias venezolana y brasileña más representativas, los Yanomami.

  

 

La última frontera de la “ceguera de los ríos”

En medio de la selva virgen, es difícil explicarle a un indio yanomami que no puede dar un paso para ir de un árbol a otro porque un hombre blanco decidió que por ahí pasa la línea imaginaria que traza la frontera entre Brasil y Venezuela. Desnudos y obviamente sin pasaporte, los yanomami siguen cruzando la frontera a su antojo, como han hecho desde siglos antes de que existiera una raya divisoria. El problema, explica el médico salvadoreño Mauricio Sauerbrey, es que los yanomami transportan con ellos a un monstruo, un gusano que ha dejado ciegas a 500.000 personas en el mundo. Y los médicos que persiguen al parásito no pueden atravesar alegremente la frontera. En 2005, más de 140.000 personas de América Latina estaban infectadas por el gusano, en Colombia, Ecuador, México, Guatemala, Brasil y Venezuela. Pero una exitosa campaña médica, que ha distribuido 11 millones de dosis de antiparasitario, ha conseguido barrer al enemigo, responsable de la llamada ceguera de los ríos, una enfermedad olvidada por el hombre pero que encontró como último refugio la tupida selva de los yanomami.

El acceso a estas poblaciones indígenas, con unas 23.000 personas en riesgo de ser infectadas, es tremendamente difícil. Muchas veces se encuentran en zonas de la selva tan remotas que sólo se puede llegar a ellas en helicóptero. Y encima los yanomami están en continuo movimiento. “A veces llegamos a una comunidad del lado de Brasil a darles un tratamiento y ya no hay nadie, porque se han ido a Venezuela. Ellos atraviesan la frontera sin ningún problema, pero los oficiales de salud no pueden”, señala el director del Programa para la Eliminación de la Oncocercosis en las Américas, la iniciativa regional coordinada por el Centro Carter de EE. UU. para borrar al gusano del continente. En parte por culpa de la frontera, pero sobre todo por tratarse de un área montañosa de muy difícil acceso, el foco yanomami es el único lugar de América donde persiste la transmisión de la oncocercosis. Es fácil ver que la enfermedad sigue ahí. Muchos yanomami lucen en sus cabezas una especie de chichón, que en realidad es un repugnante ovillo de gusanos machos y hembras reproduciéndose bajo su piel.

  

Los primeros adelantos hacia la erradicación

La multinacional farmacéutica Merck, en una decisión sin precedentes, se comprometió en 1987 a donar todo el antiparasitario que hiciera falta para acabar con la enfermedad en el mundo. Desde entonces, la compañía, que en 2012 ganó unos 4.800 millones de euros, ha donado comprimidos por valor de 4.000 millones de euros para África y América, según sus propias cifras. El fármaco, la “ivermectina”, no mata a los gusanos adultos, refugiados en los chichones de los yanomamis, pero sí extermina a sus crías, los gusanitos que viajan por el cuerpo causando estragos en piel y ojos. Así que cuando las moscas negras pican a una persona tratada, chupan una sangre limpia y se impide la transmisión de la enfermedad. Si el tratamiento se mantiene durante unos tres años, los gusanos adultos pierden su capacidad de reproducirse y acaban muriendo de viejos sin dejar crías. Con esta estrategia, Colombia fue el primer país que detuvo la transmisión de la enfermedad, en 2007, seguido por Ecuador, en 2009, Guatemala y México, ambos en 2011. Los científicos tienen la esperanza de lograr la erradicación en Brasil y Venezuela para 2015.

 

Pero no es tan fácil, los médicos se enfrentan a desafíos gigantescos. El antropólogo francés Jacques Lizot vivió entre los yanomami entre 1968 y 1992, fue consultor del Programa de Eliminación de la Oncocercosis en las Américas y emitió un informe en 2001 que pondría los pelos de punta a cualquier experto en salud pública. Los yanomami, advertía, ni siquiera tienen una palabra para la enfermedad. Cuando un individuo aparecía con un bulto lleno de gusanos en su piel, era motivo de vergüenza, aunque nadie supiera ofrecer una explicación del origen del bulto. Según el antropólogo, la situación cambiaba con otros síntomas de la oncocercosis, como el aspecto apergaminado de la piel. Para los yanomami, estas lesiones eran fruto de un ataque de un chamán armado con pociones mágicas, como el kramosi, una sustancia elaborada con escamas de una mariposa nocturna.

 

Esto indica que los aspectos culturales de los yanomami impiden el trabajo médico, pues ellos en realidad no se dejan ayudar. Aún más escandaloso resulta el hecho de que los informes de los expertos señalan que esta etnia en realidad está abandonada por los gobiernos de Venezuela y Brasil, quienes no se preocupan por las condiciones de salud e higiene de esta comunidad, lo que agrava la erradicación de la “ceguera de los ríos”. La Organización Mundial de Salud se comprometió a desplegar la logística necesaria para acceder a la selva amazónica y tratar a los yanomami, para ello se necesita la colaboración clave de Brasil y Venezuela pero, hasta la fecha, ninguno de los gobiernos parece preocuparse por este problema de salud pública global, la gran preocupación de la OMS es que el Onchocerca volvulus logre salir de la selva amazónica y penetre las zonas urbanas. ¡Saludos!

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Fuentes informativas

Sitios Web

http://www.who.int/mediacentre/news/releases/2009/river_blindness_20090721/es/index.html

http://es.noticias.yahoo.com/el-ltimo-escondite-del-gusano-que-dejado-ciegas-095324457.html

http://es.wikipedia.org/wiki/Oncocercosis

http://www.callegranvia.com/salud/info/la-ceguera-de-los-rios/

Imágenes

http://www.scielo.org.ve/scielo.php?pid=S1690-46482007000100002&script=sci_arttext

http://www.oepa.net/onco.html

http://scielo.isciii.es/scielo.php?pid=S0365-66912006000500003&script=sci_arttext

http://www.oem.com.mx/diariodelsur/notas/n1406518.htm

http://www.saludcronica.com/nota.php?id_nota=852

http://escribiendo-al-aire.blogspot.com/

http://churuatasyagrumo.blogspot.com/p/yanomami.html

http://culturaysalud.blogspot.com/2010/10/epidemia-es-que-la-vida-de-un-yanomami.html

Compilado por el equipo de Barinas.net.ve

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3 Comentarios

Hola Ranse;

Bueno en realidad en casi toda América hay nativos, me refiero a comunidades indígenas, en Venezuela no sólo están los Yanomami, hay otras etnias como los Wayúu y los Pemones. En Centroamérica están las etnias descendientes de los Maya, lo mismo pasa en el resto de Sudamérica, están los Aymara, los Mapuche, la amazonia está llena de comunidades indígenas. Respecto al parásito que refiere el artículo, está aislado en la selva, sólo imagina que habrá en esos lugares remotos e impenetrables que no sabemos que existe. Gracias por tu comentario y leernos , saludos

muchas gracias por la aclaracio porque yo pensaba que solo en venezuela existian las comunidades waraos, que son los que habitan en el delta del orinoco , lo que pasa es que vivo en cuba y he leido pocos articulos sobre este tema , no obstante si pueden publicar mas cosas sobre las comunidades de ustedes , saludos Ranse

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