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Nacimos con esa capacidad, entonces: ¿por qué dejamos de dibujar?

Familia barinesa, recibe un cordial saludo, el presente artículo seguramente te hará recordar la bella etapa de la vida que es la niñez, pero no por los juegos con los niños de nuestra calle o en el jardín de infancia, sino por una de las capacidades innatas más extraordinarias de los seres humanos, la capacidad de dibujar. ¿Te has preguntado por qué simplemente después de crecer dejamos de dibujar? ¿Qué nos pasa? Este artículo presenta interesantes conclusiones en base a estudios psicodidácticos recogidos en elclipinfinito.com y que recopilamos para ti, que explican por qué, sin motivo aparente, dejamos de dibujar, un don, un talento que sólo continúan los artistas y profesionales de las artes gráficas.

Es importante que seas consciente de que todos los seres humanos tenemos la capacidad innata de dibujar. El dibujo infantil es una parte fundamental de nuestro desarrollo hacia la comprensión del mundo que nos rodea y todos los niños dibujan, como medio de expresión y como juego. Sin embargo, al llegar a la adolescencia algo hace que muchos de nosotros renunciemos a esta capacidad de representación gráfica, ¿es acaso porque no somos capaces de representar? ¿Creemos que no sabemos dibujar y dejamos de hacerlo? Veamos:

¿Por qué dejamos de dibujar?

No podemos hablar de un motivo único pero sí podemos apuntar algunos factores que sin duda tienen influencia. En primer lugar, la escuela no se ha esforzado en potenciar la capacidad de representación gráfica. Como explica Howard Gardner cuando se refiere a la teoría de las inteligencias múltiples, la educación tradicional se ha centrado en el desarrollo las inteligencias lingüístico-verbal y lógico-matemática relegando a un segundo plano todas las demás, entre ellas la inteligencia espacial dentro de la cual se incluye la capacidad de percepción y representación visual.

Por otro lado, el dibujo se ha asociado históricamente al arte y a la estética ignorando todas sus demás aplicaciones que no tienen una pretensión estrictamente artística. Esto condiciona nuestra manera de mirar nuestros propios dibujos y los que nos rodean, calificándolos de “buenos o malos” en base a cánones estéticos académicos como la proporción, el naturalismo, la composición o el equilibrio cromático. Así, a excepción de aquellos cuya manera de dibujar encaja con este canon o quienes poseen una vocación impermeable a toda crítica, la mayoría acabamos concluyendo que “no sabemos dibujar” o “no se nos da bien” y abandonamos la práctica.

 

¿Por qué debe preocuparnos?

También para esta pregunta hay múltiples respuestas. La primera, en la línea de lo apuntado más arriba, es que el dibujo no es exclusivamente una forma de arte. Ante todo es una herramienta comunicativa, un medio para resolver problemas, visualizar nuestras ideas, analizarlas, criticarlas, mejorarlas, crear ideas nuevas y compartirlas con otros, no un fin. Cuando observamos algo con el propósito de dibujarlo, nuestra mirada es mucho más profunda; comprendemos el funcionamiento de las cosas y proyectamos nuestro pensamiento sobre el papel. El dibujo crea la necesidad de estudiar y responder a los detalles, estimulando la imaginación y el pensamiento.

Durante siglos ha prevalecido la idea de que la imagen no es más que un complemento del texto. El mismísimo Platón era un claro opositor de la imagen y no dudaba en afirmar que el lenguaje verbal es el único vehículo de la inteligencia. Sin embargo, ahora sabemos que lo visual constituye un lenguaje por sí mismo. El lenguaje visual y el lenguaje verbal poseen cualidades y aplicaciones diferentes y el hecho de que puedan complementarse o que un mismo mensaje pueda comunicarse a través de ambos lenguajes no significa que puedan sustituirse. Para determinados mensajes el lenguaje visual es más claro, directo y rápido, como demuestra el boom de las infografías o algo tan común como las señales de tráfico.

 


El dibujo es la forma más sencilla y directa de construir mensajes visuales y expresarnos gráficamente. Si lo entendemos como una habilidad humana universal y lo equiparamos al lenguaje verbal, resulta evidente la incoherencia que supone que renunciemos a utilizarlo. Nadie deja de escribir porque tenga ‘mala letra’ o porque no sea un gran escritor. ¿Por qué aceptar que estos mismos motivos justifiquen el que dejemos de dibujar? Al fin y al cabo escribir y dibujar no son tan diferentes si consideramos que las letras son grafismos.

Por otro lado, en el mundo actual el desarrollo de nuestras facultades para leer, interpretar de forma crítica y construir mensajes visuales es especialmente importante ya que vivimos inmersos en una cultura dominada por la imagen. Alrededor del 80% de la información que recibimos nos llega a través del sentido de la vista y el lenguaje visual hace que un mensaje sea más atractivo, más accesible a la comprensión, más persuasivo y más fácil de recordar. Vivimos bajo el estímulo permanente de imágenes que nos llegan a través de los medios y canales de comunicación.

  

¿Cómo podemos recuperar la práctica del dibujo y mejorar nuestras competencias en el lenguaje visual?

Es sencillamente una cuestión de práctica pero no es fácil ponerse directamente a dibujar por el placer de hacerlo, lo cual nos llevaría de nuevo al terreno del arte. Aunque el arte se empleó como herramienta modeladora de la sociedad, el concepto de “arte” junto al concepto de “representación” forman parte de un paradigma conceptual fuertemente arraigado en las relaciones epistemológicas del hombre en tanto Ser ontológico y su relación con el entorno (la realidad), por esta razón debemos romper el hálito de superioridad que rodea la capacidad de “saber dibujar”, se trata de regresar a los albores de la humanidad, donde el hombre primitivo hizo de la imagen su lenguaje. El hombre primitivo dibujaba sin pudor, sin reparar en cánones de belleza, se comunicaba a través de símbolos, claro está que el nacimiento del Arte tal cual lo conocemos y la invención de la escritura, desestimuló la práctica de dibujar para comunicarnos y expresarnos fuera de los registros del arte, regresar al dibujo para expresar sentimientos es una victoria de nuestra inmensa capacidad se crear, ya no somos niños dibujando en un bloc, pero aún no hemos dejado de soñar. ¡Saludos!

 

 

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Fuentes informativas

Sitios Web

http://elclipinfinito.com/2014/03/03/por-que-dejamos-de-dibujar/

Referencias bibliográficas

Chatman, Seymour (1990) [1978]. Historia y discurso, traducción de María Jesús Fernández Prieto, España: Taurus.

Imágenes

http://elclipinfinito.com/2014/03/03/por-que-dejamos-de-dibujar/

http://tipsfemeninos.com/un-nino-que-juegue-hable-y-dibuje-bien-es-una-persona-sana/

http://museodealtamira.mcu.es/Prehistoria_y_Arte/la_cueva.html

http://mamakanguro.wordpress.com/category/dibujando/

http://maturkld.blogspot.com/

http://nunezmilitza.blogspot.com/

 

Compilado por el equipo de Barinas.net.ve

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