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Los efectos de la radiación empiezan a aparecer en Japón.

 Estimada familia de Barinas, dos años después del tsunami de Japón, que provocó el desastre de Fukushima, en el archipiélago nipón sólo funcionan dos de sus 54 reactores nucleares. Junto a los cuatro dañados por las olas gigantes aquel 11 de marzo de 2011, el resto ha sido desconectado para llevar a cabo comprobaciones de seguridad y por el creciente rechazo social a la energía atómica,

El hipertecnológico Japón no puede permitirse el lujo de vivir sin energía nuclear para generar electricidad y su economía no levantará cabeza mientras sigan aumentando las importaciones de petróleo y gas licuado. Lo mismo ocurre en el resto del planeta. Según la Agencia Internacional de la Energía Atómica, el accidente de Fukushima, el más grave desde Chernóbil en 1986, «ralentizará o retrasará el crecimiento nuclear, pero no lo invertirá». A finales del año pasado, en todo el mundo había 437 reactores operativos, dos más que en 2011. Con respecto a ese año, cuando se cerraron ocho en Alemania y los cuatro inutilizados por el tsunami de Japón, se han conectado tres nuevos, se han reparado otros dos y tres han sido permanentemente cerrados.

Mientras la industria atómica parece ir ganando este debate, Japón continúa luchando contra los efectos de la radiactividad. Protegidos con máscaras y trajes especiales, unos 3.000 trabajadores se juegan el tipo para descontaminar la siniestrada central de Fukushima, donde se fundieron los reactores 1,2 y 3 y el 4 quedó destruido por una explosión de hidrógeno tras sufrir un terremoto de magnitud 9 y olas de hasta 15 metros por su posterior tsunami. Se salvaron el 5 y el 6, parados en ese momento.

Tomates con forma de tumor, lechugas gigantescas, melocotones siameses, berenjenas fusionadas... Casi dos años y medio después del devastador terremoto y posterior tsunami que arrasaron la costa japonesa, causaron cerca de 15.000 muertos y dañaron gravemente la central nuclear de Fukushima Daiichi, siguen registrándose nuevos y preocupantes efectos derivados del accidente nuclear más grave desde el desastre de la central nuclear de Chernobyl, en 1986. Según demuestran una serie de fotografías subidas a la web de almacenamiento de imágenes Imgur.com, que muestran vegetales y plantas visiblemente mutados, la flora de la región ha quedado notablemente alterada por el escape nuclear.

 

Sin embargo, estos no son los primeros efectos detectados del escape nuclear. Apenas cinco meses después del desastre, niveles importantes de Cesio 137 y 134 fueron aislados en atunes cerca de la ciudad estadounidense de San Diego (California). Las cantidades son diez veces superiores a las detectadas en años anteriores. También se encontró un conejo que había nacido sin orejas vagando por las cercanías de la central.

El año pasado investigadores de la Universidad Ryukyu de Okinawa demostraron la existencia de un aumento de las mutaciones en los genes que contienen información para el desarrollo de la forma de las alas y los ojos. Como consecuencia, los animales tenían los ojos dañados y las alas más pequeñas de lo normal. Además, los científicos comprobaron que dichas anomalías genéticas se reproducían entre un 18 y un 34 de las ocasiones, en su segunda y tercera generación, pese a haberse apareado con mariposas sanas crecidas fuera de la zona afectada por la radiación.

Timothy Mousseau, un profesor de biología de la Universidad de South Carolina dedicado al estudio de la radiación en las cercanías de Fukushima, explicó a la cadena de televisión norteamericana ABC que existen pruebas del aumento de las mutaciones en el área, pero que aún hace falta analizar más las muestras antes de extraer conclusiones definitivas. «Las fotos de los vegetales mutados son sugerentes, pero de momento, son solo anecdóticas. Investigadores cualificados necesitan verificar científicamente las mutaciones», explicó.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) anunció en un informe publicado este jueves, en Ginebra, que las elevadas dosis de radiación registradas tras el accidente ocurrido en la central de Fukushima (Japón), el 11 de Marzo de 2011, provocarán un sensible aumento de cánceres en las personas que se encontraban a proximidad de la central nuclear.

Dos años después del desastre, la OMS constata que el riesgo de contraer un cáncer de tiroides en las mujeres y en los recién nacidos de sexo femenino, que habitaban en la prefectura de Fukushima durante el accidente, ha aumentado en un 70% ya que recibieron dosis de radiación entre 1 y 10 milisieverts (mSv) frente a la dosis normal de 0’01 mSv.

Según los datos facilitados por la agencia sanitaria de la ONU, también en las mujeres se espera que el riesgo de cáncer de mama también aumente en un 6%. En los hombres y en los recién nacidos de sexo masculino el cáncer de tiroides podría incrementarse en un 7% como consecuencia de las radiaciones.

Parece ser que el precio por el desarrollo es sumamente caro. El problema está en si estamos dispuestos a pagar el precio.

Compilado por el equipo de barinas.net.ve

El hogar virtual de la familia de Barinas.

Referencias

http://www.abc.es/sociedad/20130718/abci-vegetales-mutantes-fukushima-201307181547.html

http://www.abc.es/internacional/20130311/abci-segundo-aniversario-fukushima-201303101401.html

http://www.abc.es/sociedad/20130228/abci-mayor-riesgo-cancer-fukushima-201302281123.html

Imagen

http://www.abc.es/sociedad/20130718/abci-vegetales-mutantes-fukushima-201307181547.html

Video

http://www.youtube.com/watch?v=SplMetksuwg

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