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¿Todos vemos los colores de la misma manera?

El ojo humano es capaz de distinguir varios millones de colores en función de las condiciones de observación, pero sólo ve en blanco y negro de noche, durante la que se pueden tener sueños en color. Éstas son algunas de las curiosidades que ofrece un libro presentado en la X Reunión Nacional de óptica celebrada esta semana en Zaragoza por uno de sus autores, Manuel Melgosa, catedrático en la Universidad de Granada, quien ha explicado en una entrevista con EFE que el color es una percepción y como tal es algo único, muy personal. Cada persona puede ver muchísimos colores, millones. En el texto, publicado por la Editorial Universidad de Granada, con la colaboración del Parque de las Ciencias de Granada, el científico responden a 56 preguntas relacionadas con el color y formuladas a partir de la curiosidad natural que se siente por el mundo de alrededor.

Se podría decir que cada persona ve un color de manera diferente, aunque dentro de los que tienen una visión normal hay una cierta unanimidad, ha agregado Melgosa, al tiempo que ha dicho que el hecho de que la retina, los fotoreceptores y los mecanismos que llegan hasta al cerebro sean personales hace que no se vea exactamente el mismo.

¿Cuál es el mejor color para unas gafas de sol? o ¿Por qué no podemos ver los colores de noche? son algunas de las interrogaciones a las que se responden.

Así, según ha señalado Melgosa, el mejor color para el cristal de unas gafas de sol depende de la finalidad que se persiga. Si no se quiere alterar el color de los objetos que se ven, el gris podría ser una buena opción, pero no la única, ha dicho. Y en cuanto a la visión del color por la noche, ha explicado que los fotoreceptores de la retina que permiten ver los colores, los conos, sólo se activan cuanto hay cierta cantidad de luz, es decir, lo que denominan visión fotópica. Por ello, los conos dejan de funcionar de noche, momento en el que inician su trabajo otros fotoreceptores, los bastones, que al ser de un único tipo producen una visión en blanco y negro, lo que en realidad implica percibir una amplia gama de estímulos que llaman grises, continuó.

De ahí viene el dicho popular de que «de noche todos los gatos son pardos», ha señalado el científico, para el que esa dualidad entre conos y bastones hace que se pueda percibir tanto de día como de noche, lo que ha permitido en su opinión la evolución y el progreso del ser humano. «Podemos movernos en la noche y no ser capturados por animales y, a su vez, durante el día realizar tareas altamente sofisticadas de elección de la mejor fruta, el mejor alimento o el mejor compañero. Todo ello tiene que ver con la visión del color», ha manifestado Melgosa, presidente del Comité del Color de la Sociedad Española de óptica.

Nombres sencillos para las disciplinas

El libro, que también responde a interrogantes como ¿Por qué se produce el arco iris?, ¿Por qué la ropa de los quirófanos es verde? o ¿Por qué los colores de las vidrieras son tan atractivas para el espectador?, consta de 64 módulos, ordenados en torno a ocho disciplinas científicas, con ocho niveles dentro de cada una de ellas. Y dada su finalidad divulgativa, las distintas disciplinas consideradas (óptica, química, biología o matemáticas) se han designado con nombres sencillos, como luz, objetos, ojos, números, viendo, fotografía, desafío y exploraciones. En cada módulo hay una foto principal y una auxiliar (la mayoría originales de los autores), y se responde a una determinada pregunta sobre el color, que han sido seleccionadas a partir de unas 300 sugerencias realizadas por un amplio número de estudiantes y profesores.

También se ha descubierto que el nombre que el ser humano da a los colores condiciona su percepción de la realidad.El color verde no es verde en todas partes. De hecho, en algunos lugares ni siquiera existe. Aunque en occidente podamos pensar que la categorización de la realidad en determinado número de colores es indiscutible, lo cierto es que sobre esta cuestión todo el mundo no comparte el mismo «punto de vista». Y de esto tiene mucha culpa el lenguaje, porque el nombre que el ser humano da a los colores condiciona su percepción de la realidad.

«Para los japoneses la fruta que no está aún madura está azul»

Para los himba, tribu que vive en el norte de Namibia, el cielo es negro. Y si para cualquier occidental el color del agua es azul, para esta comunidad es blanco, el mismo que el de la leche. La televisión pública británica BBC demostró en su documental «¿Ves lo que yo veo?» que, tal y como afirma Anna Franklin, investigadora de la Universidad de Surrey, «aprender un lenguaje o los nombres de los colores puede cambiar la forma en que tu cerebro categoriza lo que ves».

La BBC viajó a un poblado himba para realizar un interesante experimento. Los investigadores del canal británico pusieron a un grupo de himbas ante una pantalla en la que se podía ver una imagen con 12 cuadrados, de los cuales 11 eran verdes y uno azul. La prueba consistía en identificar qué cuadrado era de color diferente al resto. En teoría se trataba de algo muy sencillo para cualquier occidental, pero dado que la tribu emplea un mismo término para el azul y el verde, los participantes en el experimento tardaban mucho tiempo en señalar el cuadrado de color distinto al resto.

Junto con los números, los colores son una de las primeras cosas que se aprende al estudiar una lengua. Héctor «Kirai» García, autor de «Un geek en Japón», recuerda la siguiente anécdota de sus primeros días en el país asiático: «Un día un japonés me dijo “vamos a cruzar, que el semáforo ya se ha puesto en ao (azul)”. Yo pensé “¿ao no era azul?”. No le presté mucha atención, pero cuando volví a oír a alguien decir que el semáforo cambiaba a color azul me empecé a mosquear». El alicantino, que vive en Tokio desde 2004, descubrió más adelante que para los japoneses el color verde de los semáforos no es «midori» (verde), sino «ao» (azul).

En la lengua japonesa no existió una palabra para el color verde hasta que hace un milenio se introdujo el término «midori». Hasta entonces verde y azul habían sido el mismo color, el azul. Pero la inclusión de la nueva palabra no logró cambiar la costumbre de los japoneses, que no terminan de asimilar el «midori». Tal y como hacían sus antepasados, los nipones afirman que son azules muchas cosas que en occidente se ven verdes. «Hoy en día se sigue utilizando “ao” en palabras como “aoba” (hoja azul), “ao ringo” (manzana azul), “ao shingo” (semáforo azul) o “aona” (verduras azules)», explica Héctor García.

Tal y como cuenta en su blog, cuando se colocó el primer semáforo en Japón, en el año 1930, la ley fijó que se podía cruzar en verde, pero como los nipones continuaron utilizando el término azul para referirse al color que permitía el paso, tras la Segunda Guerra Mundial la norma se adaptó a su tozudez y pasó a decir que se podía cruzar cuando la luz cambiase a «ao». Con el tiempo el lenguaje de los japoneses ha influido tanto en la realidad que el color que permite el paso se ha ido azulando. «Algunos son verdes azulados, otros son turquesas y otros son tan verdes como un pepino», explica «Kirai».

«Cuando alguien está enfermo y pálido decimos que tiene la cara blanca, pero para los japoneses la tendría azul. Para nosotros la fruta que aún no está madura está verde, para ellos, azul», afirma el alicantino.

Compilado por el equipo de Barinas.net.ve
El Hogar Virtual de la Familia de Barinas

Referencias

Texto

http://www.abc.es/sociedad/20121202/abci-colores-semaforos-japon-201211301752.html   

http://www.abc.es/20120908/ciencia/abci-colores-201209081248.html

Imagen

http://luzdenekane.blogspot.com/2012/08/chakras-la-magia-de-los-colores.html

http://blog.ledbox.es/tag/leds

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