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Biocombustibles: Hambre vs. Energía

El petróleo se agota rápidamente y además se encuentra en territorios hostiles al estilo de vida occidental. En mayor o menor medida, éste es el espíritu del discurso que ha venido utilizando el mundo desarrollado. Y es en este escenario que surge con fuerza la necesidad de reemplazo de los combustibles fósiles (el carbón, el petróleo y el gas natural) por los denominados biocombustibles (de origen vivo, no mineral) para hacer que gran parte del mundo siga girando en el mismo sentido que los últimos cien años.

Un biocarburante o biocombustible es una mezcla de hidrocarburos que se utiliza como combustible en los motores de combustión interna y que deriva de la biomasa, materia orgánica originada en un proceso biológico, espontáneo o provocado, utilizable como fuente de energía.

La humanidad ha usado este tipo de combustible desde sus albores. Pero es en los últimos tiempos que adquirieron mayor importancia. Y el motivo es el enunciado previamente. La actual sociedad industrial se desarrolló sobre la matriz petrolera; pero los hidrocarburos son un recurso no renovable. El petróleo y el gas natural tienen un horizonte en declive, hablando en términos históricos, aunque no se sepa a ciencia cierta qué cantidad de estos recursos aún restan en el mundo, ni mucho menos cómo va a evolucionar el consumo de estos energéticos. El petróleo se acaba, las reservas se agotan y su consumo aumenta. ¿Qué hacer? Aquí viene la primera disyuntiva: se mantiene la misma matriz energética de raíz petrolera, o se busca una nueva matriz. 

Para la obtención de los biocarburantes se pueden utilizar especies de uso agrícola tales como el maíz o la mandioca, ricas en carbohidratos, o plantas oleaginosas como la soja, girasol y palmas. También se pueden emplear especies forestales como el eucalipto y los pinos. Al utilizar estos materiales se reduce el CO2, el cual es enviado a la atmósfera terrestre ya que estos materiales van absorbiendo el CO2 a medida que se van desarrollando, mientras que emiten una cantidad similar que los carburantes convencionales en el momento de la combustión.

 

Los combustibles de origen biológico pueden sustituir parte del consumo de combustibles fósiles tradicionales, como el petróleo o el carbón. En Europa, Argentina y Estados Unidos ha surgido diversa normativa que exige a los proveedores mezclar biocombustibles hasta un nivel determinado. Para poder reemplazar completamente el consumo de hidrocarburos por combustibles biológicos no alcanzaría la superficie actualmente del planeta dedicada a la agricultura. La Unión Europea (UE) ha determinado que todos los combustibles sean mezclados al diez por ciento con combustibles biológicos antes del 2010. Un estudio al respecto determinó que para cumplir esta meta, se tendría que destinar el 70 por ciento de las tierras cultivables de la UE. Actualmente, los biocombustibles se mezclan con combustibles fósiles en cantidades que varian cerca del 5 al 10%, utilizando para ello la importación de biomasa de otras regiones del globo.

Los biocarburantes más usados y desarrollados son el bioetanol y el biodiésel. El primero, también llamado etanol de biomasa, se obtiene por fermentación alcohólica de azúcares de diversas plantas como la caña de azúcar, remolacha o cereales . En 2006, Estados Unidos fue el principal productor de bioetanol (36% de la producción mundial), Brasil representa el 33,3%, China el 7,5%, la India el 3,7%, Francia el 1,9% y Alemania el 1,5%. La producción total de 2006 alcanzó 55 mil millones de litros. El biodiésel, se fabrica a partir de aceites vegetales, que pueden ser ya usados o sin usar. En este último caso se suele usar raps, canola, soja o jatrofa, los cuales son cultivados para este propósito. El principal productor de biodiésel en el mundo es Alemania, que concentra el 63% de la producción. Le sigue Francia con el 17%, Estados Unidos con el 10%, Italia con el 7% y Austria con el 3%. Otras alternativas, como el biopropanol o el biobutanol, son menos populares, pero no pierde importancia la investigación en estas áreas debido al alto precio de los combustibles fósiles y su eventual término.

El uso de biocarburantes tiene impactos ambientales negativos y positivos. Los impactos negativos hacen que, a pesar de ser una energía renovable, no sea considerado por muchos expertos como una energía no contaminante y, en consecuencia, tampoco una energía verde. Una de las causas es que, pese a que en las primeras producciones de biocarburantes sólo se utilizaban los restos de otras actividades agrícolas, con su generalización y fomento en los países desarrollados, muchos países subdesarrollados, especialmente del sureste asiático, están destruyendo sus espacios naturales, incluyendo selvas y bosques, para crear plantaciones para biocarburantes. La consecuencia de esto es justo la contraria de lo que se desea conseguir con los biocarburantes: los bosques y selvas limpian más el aire de lo que lo hacen los cultivos que se ponen en su lugar. 

Algunas fuentes afirman que el balance neto de emisiones de dióxido de carbono por el uso de biocarburantes es nulo debido a que la planta, mediante fotosíntesis, captura durante su crecimiento el CO2 que será emitido en la combustión del biocarburante. Sin embargo, muchas operaciones realizadas para la producción de biocarburantes, como el uso de maquinaria agrícola, la fertilización o el transporte de productos y materias primas, actualmente utilizan combustibles fósiles y, en consecuencia, el balance neto de emisiones de dióxido de carbono es negativo para el ambiente.

Otro impacto ambiental se origina por la utilización de fertilizantes y agua necesarios para los cultivos; el transporte de la biomasa; el procesado del combustible y la distribución del biocarburante hasta el consumidor. Varios tipos de fertilizantes tienden a degradar los suelos al acidificarlos. El consumo de agua para el cultivo supone disminuir los volúmenes de las reservas y los caudales de los cauces de agua dulce.

Algunos procesos de producción de biocarburante son más eficientes que otros en cuanto al consumo de recursos y a la contaminación ambiental. Por ejemplo, el cultivo de la caña de azúcar requiere el uso de menos fertilizantes que el cultivo del maíz, por lo que el ciclo de vida del bioetanol de caña de azúcar supone una mayor reducción de emisiones de gases de efecto invernadero respecto al ciclo de vida de combustibles fósiles con más efectividad que el ciclo del bioetanol derivado del maíz. Sin embargo, aplicando las técnicas agrícolas y las estrategias de procesamiento apropiadas, los biocarburantes pueden ofrecer ahorros en las emisiones de al menos el 50% comparando con combustibles fósiles como el gasóleo o la gasolina.

Una solución real pero aún no disponible es la utilización de residuos agroindustriales ricos en hemicelulosas. De esta forma no se utilizarían áreas de cultivos nuevas ni se utilizaría  alimento para humanos en la producción de biocarburantes. un ejemplo de esto es la utilzación de coseta de remolacha, paja de trigo coronta de maíz ó cortezas de árboles.

Otro impacto ambiental, quizás más terrible, es que al comenzar a utilizarse suelo agrario para el cultivo directo de biocombustibles, en lugar de aprovechar exclusivamente los restos de otros cultivos se ha comenzado a producir un efecto de competencia entre la producción de comida y la de biocombustibles, resultando en escasez de alimentos y en el aumento del precio de la comida. Un caso de este efecto se ha dado en Argentina, con la producción de carne de vaca. Las plantaciones para biocombustible dan beneficios cada seis meses, y los pastos en los que se crían las vacas lo dan a varios años, con lo que se comenzaron a usar estos pastos para crear biocombustibles. La conclusión fue un aumento de precio en la carne de vaca, duplicando o incluso llegando a triplicar su valor en Argentina.

 

Ante esta situación, las empresas de capital riesgo de Estados Unidos han decidido dar la espalda al etanol procedente del cultivo de maíz e invertir en productores que utilicen algas, residuos forestales y agrícolas u otro tipo de residuos. La Comisión Europea dio la razón (al menos en parte) a quienes desde hace años señalan a los biocarburantes como una de las causas del hambre en el mundo y de la subida del precio de los alimentos. Bruselas anunció un cambio legal para limitar el uso de biocombustibles procedentes de tierras de cultivo y que a partir de 2020 solo serán subvencionables los procedentes de desechos, paja o algas, que no pueden ser sospechosos de encarecer la comida. Su mensaje es: biocarburantes sí, pero no todos. El objetivo de la iniciativa es fomentar el desarrollo de biocombustibles alternativos a partir de materia prima no alimentaria, que emitan menos gases de efecto invernadero que los combustibles fósiles y que no interfieran en la producción de alimentos. Sin embargo, no es suficiente y el resto del mundo sigue aplicando los cultivos para biocambustibles porque son bien pagados. El estímulo a la producción de los biocombustibles significa más deforestación, más modelo agroexportador, más monocultivo, más agronegocios, más efecto invernadero y más hambre.

El desarrollo de los biocombustibles no es la solución a la extinción de los recursos fósiles, sino una trampa tendiente a la prolongación de la matriz hidrocarburífera del siglo XX. Urge, entonces, planificar el cambio de este paradigma basado en el oro negro por otro amigable con el ambiente. El sol, el hidrógeno, el viento, las celdas combustibles, las mareas etc, son recursos sobre los cuales debe basarse la sociedad del futuro.

Referencias

Texto

http://sociedad.elpais.com/sociedad/2012/10/17/actualidad/1350501699_922027.html

http://economia.elpais.com/economia/2012/10/17/agencias/1350481432_999601.html

http://es.wikipedia.org/wiki/Biocarburante

http://powertubeenergy.com/?p=430

http://ecoplasticvenezuela.blogspot.com/2011/11/que-son-los-biocombustibles.html

Imagen

http://powertubeenergy.com/?p=430

http://ecoplasticvenezuela.blogspot.com/2011/11/que-son-los-biocombustibles.html

http://sociedad.elpais.com/sociedad/2012/10/17/actualidad/1350501699_922027.html

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