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La belleza y la fealdad.

Estimada familia de Barinas, muchas veces me he sorprendido al escuchar al alguien decir que algo o alguien "... es bellísimo(a)" y cuando volteo a observar no coincido con tal aseveración. Me pregunto, ¿qué hace que los objetos y personas posean la cualidad de la belleza, o el calificativo de fealdad? ¿Cuál es el origen de tales manifestaciones físicas?

Si bien en la historia de la cultura occidental se han propuesto muchas definiciones de la belleza, se puede comprobar que desde los tiempos de los griegos hasta la modernidad, lo bello ha sido comprendido como un evento natural y no, más bien, como algo derivado de la actividad humana.

Para el poeta griego Homero, lo bello era la luminosidad, es decir, lo resplandeciente, lo que deslumbra. Para Aristóteles, en cambio, muy posterior, lo bello estaba asociado a la simetría, aquello participante de la proporción. Platón descartaba que cualquier derivado de la actividad humana pudiera tener belleza plena. Justo de esta consideración parte la perspectiva platónica del arte como mera copia de la naturaleza: imperfecta mímesis de la belleza inherente al cosmos. Durante ese tiempo se habló que lo bello era aquello que contenía en su ser: orden, magnitud y armonía, conceptos que se desarrollaron en Grecia y que perduraron por mucho tiempo en la sociedad. Lo ordenado, medible y armonioso era pues la belleza.

La arquitectura griega, la funcionalista, el Barroco, el Renacimiento, momentos en el arte que en el imaginario colectivo gozan de adjetivos vinculados a la belleza, y que evidentemente apelan a lo medible: la sección de oro griega, el modulor de Le Corbusier, los ejes claros y cartesianos en la pintura renacentista, la naturaleza embellecida en los matemáticos jardines de Versalles. A partir del siglo XVIII, cuando se gestó la noción de gusto, la belleza dejó de ser una simple reproducción lograda de la naturaleza y se pensó, en cambio, como un producto de las elecciones, la sensibilidad y la creatividad humanas. La religión jugó un papel importante en la concepción de la belleza pues también representa algo bello dentro del planteamiento estético de la humanidad. La totalidad de las teorías estéticas del siglo XVIII y XIX se crearon a partir de la idea de que el arte era algo dedicado exclusivamente a lo bello, el artista elegía para sus trabajos los mejores aspectos de la naturaleza, los temas más atractivos, o bien, transformaba en algo bello, los detalles de la naturaleza que no lo son de por sí, gracias al arte.

Según algunos autores, la belleza se escapo del arte al momento de que el modernismo se incluyó como elemento artístico para la percepción humana. Sólo en los tiempos contemporáneos diversas poéticas de vanguardia han logrado desmentir este postulado ortodoxo. El arte no es algo vinculado exclusivamente a la belleza. En las propuestas artísticas de las vanguardias contemporáneas, se evidencia una investigación de los aspectos más oscuros de la realidad natural y humana; un deseo por manifestar los aspectos marginales de la existencia sin ningún ornamento estético. Incluso voluntariamente, diferentes creativos optan por acentuar esta sordidez por medio de las llamadas técnicas pobres: materiales de desecho, colores opacos, ausencia de cualquier acabado, etc.

De lo bello se han ocupado durante siglos artistas y filósofos. Cada uno ha ido dando su propia definición de belleza hasta reconstruir una historia de las ideas estéticas. Pero la fealdad no ha tenido igual suerte y ha carecido, hasta ahora, de ambiciosos estudios. A la hora de definir lo feo casi siempre se ha hecho por oposición a lo bello.

Nos insta Voltaire a preguntarle a un sapo qué es la belleza: «Os dirá que la encarna la hembra de su especie». Y al diablo: «Os dirá que la belleza consiste en un par de cuernos, cuatro garras y una cola». Para Nietzsche, «lo feo se entiende como señal y síntoma de degeneración», mientras que en su «Estética de lo feo», Karl Rosenkranz define lo feo como «el infierno de lo bello». Lo feo estaá relacionado a lo atroz, a lo miserable, como un crimen, es objeto de tragedia. Aristóteles afirmaba en cuanto a lo feo en la producción artística, que las cosas desagradables de la naturaleza, cuando son imitadas en el campo artístico, causan placer, por eso la fealdad es tan exitosa como la belleza.

Tomás de Aquino establece su concepto de belleza: integridad, proporción y consonancia. Se entiende como integridad a una totalidad, donde lo feo es en si una derivación de lo bello, lo que no es integro corresponde a lo feo, por lo tanto a lo inacabado y lo mutilado. El concepto de lo feo, no es explícito, sino procede de la reflexión sobre el concepto de belleza expuesto claramente.

Nada es bello; sólo el hombre lo es: toda la estética se basa en esta ingenuidad; esta es la primera verdad. Veamos ahora cuál es la segunda: nada es feo, excepto el hombre cuando degenera; así queda delimitado el ámbito del juicio estético. En términos fisiológicos, todo lo feo debilita y entristece al hombre. Le recuerda la decadencia, el peligro y la impotencia. Ante lo feo el hombre pierde energía. Por lo general, cuando el hombre se siente deprimido, es porque olfatea la proximidad de algo «feo». Su sensación de poder, su voluntad de poder, su valentía y su orgullo disminuyen a la vista de lo feo, y aumentan a la vista de lo bello. Las premisas de este concepto se encuentran acumuladas en grado sumo en el instinto. Se concibe lo feo con un indicio y un síntoma de degeneración; lo que recuerda la degeneración, aunque sea en un grado mínimo, nos induce a que lo juzguemos «feo». Todo signo de agotamiento de pesadez, de vejez, de cansancio, toda clase de falta de libertad, bajo la forma de convulsión, parálisis, y, sobre todo, el color, el olor, y la forma de la descomposición y de la putrefacción, aunque se encuentre tan atenuado que sólo sea un símbolo, provoca idéntica reacción: la valoración de «feo».

Podríamos decir entonces que lo bello y lo feo no son categorías en si, sino verdades en su movimiento, y su existencia depende del tiempo. Lo bello y lo feo son fuerzas ontológicas, realidades ontológicas. Lo bello integra lo feo, pero lo feo renueva lo bello, coexisten, asi como el bien y el mal. Cuando hablamos de belleza y fealdad no nos referimos específicamente a las cualidades de la obra o de la persona sino más bien del efecto que esta(e) provoca dentro de la psiquis de las personas. Esta estabilidad mental de conceptos y abstracciones dependerá muchas veces del contexto en el que las personas desarrollen sus actividades pues los conceptos de belleza dependerán de raíces incrustadas en la mentalidad humana, en lo contemporáneo del individuo.

Compilado por el equipo de Barinas.net.ve
El Hogar Virtual de la Familia de Barinas.

Referencias

Texto

http://www.abc.es/hemeroteca/historico-19-11-2007/abc/Cultura/¡que-bello-es-lo-feo!_1641375738137.html

http://www.buenastareas.com/ensayos/Lo-Bello-y-Lo-Feo/851126.html

http://caleidoscopio-estudio.blogspot.com/2009/06/lo-bello-y-lo-feo-en-el-arte.html

http://blog.dedalo.mx/2011/02/de-lo-bello-y-lo-feo.html

Imagen

http://josetadeotapaneszerquera1.blogspot.com/2012/03/lo-bello-y-lo-feo.html

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