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Nuestros adocenados educadores

No alcanzaba a interpretar con exactitud hace dos décadas atrás a que se refería un gris ministro de educación en Venezuela cuando aseguraba ante la opinión pública que “los docentes tienen gran culpa del gigantesco fraude que representa y constituye la educación  en nuestro país, pues son adocenados”.

Me parecía una ofensa y  actitud irreverente ante el gremio docente. Por supuesto, eso de generalizar y meterlos a todos en el mismo saco, sin salvar siquiera las honrosas excepciones que las hay en toda situación apremiante, fue una  de las razones que provocase las críticas más acerbas dado que su investidura y en su condición de ministro, no le daba derecho a despotricar de tal forma como lo hizo, amén de su gestión que para nada fue efectiva como para decir que su “Plan Decenal” anunciado con bombos y platillos permitiese corregir o introducir mejoras para cambiar en positivo el panorama, solo fue un acto impulsivo como en muchos países ocurre, de personajes con ánimos alarmistas solo por aparecer en la palestra pública y ser centro de controversias por unos días.

A dos décadas de tan infeliz declaración, la situación de “adocenados” de nuestros educadores en nada cambiado. Vemos con más soberbia que asombro como las autoridades de este país defraudan la ilusión del gremio docente al prometer la dignificación de la profesión comenzando por el aspecto salarial y reivindicando sus justas aspiraciones de mejores condiciones para un ejercicio con verdadera calidad.

Sueños rotos en promesas de cumbiambera. Y a veces uno se pregunta, ¿Será que al gobierno le interesa la mala calidad de la educación que se imparte en el país? La respuesta debe ser obvia en tanto que esa condición de “adocenados” la vemos ya de manera generalizada, nuestros maestros más pendientes del pago de su quincena con la cual deben hacer un ejercicio de magia para poder estirarla en la medida de lo posible, que de cualquier otro aspecto inherente a su labor, inclusive condición de adocenados ahora extensiva en docentes de nuestra generación del 60 y 70, ahora jubilados que en lugar de un digno retiro, en una interminable espera aún sufren las mil y un penurias por acceder al miserable monto de sus prestaciones sociales hoy amenazadas a pasar a manos de quienes tuvieron la genial idea de una nueva ley para implementar un Fondo que resultará un barril sin fondo, pues según su opinión aparte de “adocenados” ahora somos ciudadanos “derrochadores y dilapidadores” que necesitamos un gobierno austero que nos administre nuestro dinero. Embargo a manera de expropiación… Era lo que nos faltaba. Cosas veredes, Sacho!!!

Para sus comentarios, escribir a: formandociudadania@gmail.com

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Nuestros adocenados educadores
Por Hermes Varillas Labrador
formandociudadania@gmail.com

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