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La infidelidad.

Estimada familia de Barinas. La infidelidad ha existido desde tiempos inmemoriales. Ha hecho llorar y hasta asesinar a muchísimas personas. Nadie está libre de caer en ese tipo de hecho tan reprochable por muchos y justificado por otros. Una infidelidad no es algo casual, sino que suele revelar falta de comunicación o un mal momento en la relación de pareja. Algo que podemos perdonar… si superamos nuestro orgullo malherido.

La infidelidad entre parejas es un sujeto que atrae mucha atención entre los profesionales que se interesan en las relaciones humanas. Existen escuelas de pensamiento que la defienden en todas sus formas, incluyendo la poligamia, lo que las hace "fidelidad serial". Mientras que otros la condenan en la forma pecaminosa del adulterio. Aunque no nos guste confrontarlo, el hecho incontrovertible es que es un comportamiento bastante comun en los seres humanos con consecuencias desastrosas en la vida de matrimonial.

Al parecer las infidelidades son menos frecuentes de lo que parecen en los hombres y más habituales de lo que se cree en el caso de las mujeres, o al menos eso aseguran algunos. 
Las relaciones de pareja fracasan con frecuencia antes de llegar a la separación definitiva. Hay matrimonios que, cuando las cosas van mal, se refugian en una tercera persona antes de dar el paso; otros, sin embargo, comienzan a ir mal precisamente porque aparece una tercera persona. Existen diferentes tipos de infidelidad y los sexólogos clasifican sus causas en cinco categorías: falta de autoestima, insatisfacción sexual, desgaste en la relación, ánimo de “atentar” deliberadamente contra la pareja y simple hedonismo.

Para la mayoría de personas, las causas de las infidelidades pueden ser múltiples, casi tantas como personas que las cometen. Sin embargo, las más susceptibles de quedarse en un tropiezo puntual son aquellas que se producen cuando se atraviesa un estado anímico cercano a la depresión. En esta coyuntura, el infiel necesita un poco de autoestima para superar su situación. En estos casos sería posible reconducir el futuro de la relación arrojando tierra sobre el asunto con la seguridad de que el infiel no reincidirá.

En una situación intermedia se sitúan las infidelidades motivadas por el “miedo” a no estar en el mercado. Es decir, cuando una persona comienza a sentir que se ha acabado el amor con su pareja y duda si seguir con él o ella, por lo que tantea otras relaciones para comprobar si todavía está en condiciones de gustar a los demás. En estas ocasiones, si las dudas desaparecen y se sigue con la relación, la infidelidad también lo hará, pero si no lo hacen continuarán hasta que definitivamente se produzca la ruptura.

Sin embargo, en el caso de los hombres, hay otros factores que juegan un papel importante. La necesidad de afirmación, o de sentir que se está envejeciendo, o de ratificar su estatus a través de la posesión de mujeres hermosas es mucho más habitual de la cuenta. Las personas adineradas y famosas, pero también las que tienen influencia decisoria (a gran o a pequeña escala, ocurre con un pequeño empresario o con un jefe intermedio) tienen una mayor tendencia a engañar a sus mujeres y sus acciones suelen responder a lo que la sexóloga y psicoanalista Stephanie Newman denomina La teoría de los dos círculos o La teoría de las dos vidas. Es decir, se tiene una vida en el círculo profesional o público y otra en el familiar o privado, sin que ambas esferas interactúen ni lo más mínimo. Para Newman se trata de una “psicopatología de la vida cotidiana”, que sufren en mayor medida estas personas por la tremenda distancia que separa los mundos en los que se mueven. No debe ser fácil pasar de ser los amos del universo a ejercer en casa como un común padre de familia. Como consecuencia, estas personas tienen una vida más inestable y, en definitiva, más infeliz.

Esto ocurre porque el prisma con el que los ve la mayoría de gente es radicalmente diferente a la impresión que de ellos tienen sus familiares. Mientras que por un lado son las personas con influencia, respetadas y alabadas, por otro son un miembro más de la familia, un padre normal y corriente, que resulta a menudo criticado. Esta contradicción acaba por provocar esta “patología de la vida cotidiana”, que les hace mantener distintos papeles según el contexto en el que se encuentren, pero sin ser conscientes de que las acciones en uno de los dos círculos pueden tener consecuencias en el otro.

Estas actitudes no responden a la arrogancia o al hedonismo, sino a que se interiorizan un conjunto de reglas diferentes, según se represente el perfil de poderoso o el de padre. Aunque no deja de ser cierto que en el caso de las relaciones extraconyugales influye el hecho de ser una persona reconocida, objeto de deseo constante y con facilidad para acceder a cualquier capricho que se les antoje. Un ambiente que está a años luz del que viven en su núcleo familiar, donde el éxito y la fortuna quedan en un segundo plano. Más bien, suele ocurrir que el otro cónyuge todavía le preste menos atención porque cuando su pareja pasa mucho tiempo fuera de casa, acaba centrándose más en sí mismo y su familia.

Al mismo tiempo, los hijos le verán como su “papá” o “mamá”, en lugar del “ser excepcional” en el que éstos creen haberse convertido. En casa desaparecen los aduladores interesados, ya nadie ríe forzosamente los malos chistes ni se da la razón por sistema. “Tu realidad se parte en dos”, matiza Newman, contribuyendo así a conformar lo que llama la “tormenta perfecta” de la infidelidad. En esta situación influyen otros factores como la embriaguez del poder o la fama, que eclipsa otros valores más estables, principalmente los amigos de toda la vida, el hogar y la familia.

En ocasiones, esta teoría de los dos círculos también se podría aplicar a la gente común, sobre todo en aquellos casos en los que se pasa mucho tiempo fuera de casa y falla la comunicación para trasmitir los éxitos profesionales con la mundana realidad del núcleo familiar. Más aún, si la persona ha sido educada en el derecho a disfrutar, convirtiéndose así en un hedonista y egocéntrico.

Por otra parte, los estudios evolutivos señalan que hombres y mujeres no esperan los mismos resultados del sexo y el amor. Si en la prehistoria el hombre era el cazador que salía de casa para volver con su presa mientras la mujer se ocupaba del hogar y la cría de los hijos, los modelos de hoy actualizan dicha división, con la diferencia de que cada vez más es el género femenino el que desempeña el papel del cazador. Las mujeres ponen el amor por delante de cualquier otro aspecto de la vida, y miden su éxito e importancia por la fuerza de sus relaciones. Los hombres, por el contrario, miden dichos objetivos por sus logros y habilidades, como explicaron los genetistas evolutivos George Williams y Robert Trivers.

De esto se desprende que la vocación principal de la mujer sería el mantenimiento de la célula familiar y la protección de todos sus individuos, mientras que el hombre está fuertemente condicionado por el atractivo de su pareja y los “servicios” que pudiese obtener de ella, añaden estos genetistas. Por ello, el sexo masculino es más vulnerable que el femenino a la infidelidad, mientras que las mujeres lo son al abandono. Este concepto puede parecer machista, perdonen si les parece así, pero biológicamente razonable.

Compilado por el equipo de Barinas.net.ve
El Hogar Virtual de la Familia de Barinas.

 Referencias

http://www.noticias24.com/gente/noticia/93817/la-infidelidad-es-mas-frecuente-en-hombres-o-mujeres/

http://www.pasiones.es/tipos-de-infidelidad-la-infidelidad-romantica/

http://www.monografias.com/trabajos49/la-infidelidad/la-infidelidad.shtml

http://es.wikipedia.org/wiki/Robert_Trivers

Imagen

http://diarioadn.co/vida/tendencias/clasifican-tipos-de-infidelidad-1.17142

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