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¡Aquiétame!

Aquiétame Señor, aquiétame. Calma el intenso latir de mi corazón. Aquietando mi mente disminuye mi acelerado paso dándome una visión de la eternidad del tiempo.

Aquiétame Señor, aquiétame. Dame en medio de la confusión del día, la calma de los montes que se mantienen a través de los siglos. Rompe la tensión de mis nervios y mis músculos con la segadora música de los riachuelos que aun viven en mi memoria.

Aquiétame Señor, aquiétame. Ayúdame a reconocer la magia del poder restaurador del sueño, la fe en dios. Enséñame el arte de tomar vacaciones de a minutos a detenerme para mirar una flor, para saludar a un amigo, para acariciar un árbol, para leer versos del buen libro.

Aquiétame Señor, aquiétame. Haz que recuerde cada día la fabula de la liebre y la tortuga, para que sepa que la carrera no la gana siempre el mas rápido: que la vida es más que la velocidad en crecimiento.

Aquiétame Señor, aquiétame. Inspírame a  arraigarme en lo más profundo del terreno de los valores perdurables de la vida, para que pueda crecer hacia las estrellas de un mayor destino.

1 Comentarios

Buena lectura. Un extracto de un par de cosas que tenemos que recordar en estos días, sobre todo como están los días ahora, tan acelerados e inquietos, casi sin descanso.
Aquiétanos, Señor. Aquiétanos.

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