Iniciar sesión
 Usuario
  
 Contraseña
  
  Recordar mis datos
 
 

Encontrar aquí


Menú

  • Principal
  • Iniciar sesión
  • Translate to English

Servicios

Barinas



Infopedia Barinas
Historia, Turismo y todo lo que buscas está en la Infopedia Barinas


Entretenimiento

Actualidad

Galería

Productos

Varios


Foto Clasificados
Información para tus anuncios  
Foto Clasificados

Más artículos


Acceso rápido

Fotografías, Galerías y Postales

Lo último del Foro



Compra y vende


Chat

Chatea, conoce gente y disfruta en Barinas




> Artículos y noticias > Conviviendo

Conviviendo

El cuarderno rojo





Modificado por calatrava el 11-06-2009 18:51

Familia, ¡Una bendición!

Familia, ¡Una bendición!

La intensión de este artículo es compartir lo importante de la relación entre padres e hijos. El artículo comienza con la llegada de un telegrama que recibe una persona el cual trata sobre su padre con el cual no tuvo buenas relaciones. Los protagonistas de esta historia son considerados los pilares fundamentales de la familia y por ende de la sociedad, sociedad que hoy en día necesita fortaleza para  enfrentar los retos que se le presentan. La historia la recibí vía correo electrónico y quise compartirla con todos ustedes. Todo comienza así:

 

El cuaderno rojo


El cartero extendió el telegrama... José le dio las gracias, y mientras lo abría, una profunda arruga surco su frente. Una expresión de sorpresa más que de dolor. Palabras breves y precisas: -Tu padre falleció. Entierro a las 4 p.m. Mamá.

José continuó parado, mirando al vació. Ninguna lágrima, ningún dolor ¡nada! Era como si hubiera muerto un extraño. ¿Por qué no sentía nada por la muerte del viejo? Como un torbellino de pensamientos confusos, avisó a la esposa, tomó el micro y se fue, venciendo los silenciosos kilómetros de ruta mientras la cabeza giraba a mil. En su interior, no quería ir al funeral y, si estaba en camino era solo para que la madre no estuviera más triste. Ella sabía que padre e hijo no se llevaban bien.

La cuestión había llegado al final el día  que, después de una lluvia de acusaciones, José había hecho sus maletas y  se fue, prometiendo nunca más poner los pies en aquella casa. Un empleo razonable, casamiento, llamadas a la madre para  navidad, año nuevo o pascua... Se había desligado de la familia, no pensaba en el padre y la última cosa en la vida que deseaba era ser parecido a él.

En el velorio: pocas personas. La madre pálida, helada, llorona. Cuando vio al hijo, las lágrimas corrieron silenciosas, fue un abrazo de desesperado silencio. Después, vio el cuerpo sereno envuelto por una manta de rosas rojas,  como las que al padre le gustaba cultivar. José no vertió una sola lágrima, el corazón no podía. Era como estar delante de un desconocido, un extraño. Se quedó en casa con la madre hasta la noche, la besó y le prometió que volvería trayendo los nietos y la esposa para conocerla. Ahora, podría volver a casa, porque aquel que no lo amaba, no estaba más para darle consejos ácidos ni para  criticarlo.

En el momento de la despedida la madre le colocó algo pequeño y rectangular en la mano. Hace mucho tiempo podrías haberlo  recibido - dijo.   Pero, infelizmente solo después que él se fue lo  encontré entre las cosas más importantes... Fue un gesto mecánico, minutos después de comenzar el viaje, metió la mano en el bolsillo y sintió el regalo. La luz mortecina del micro, le mostró un pequeño cuaderno de tapa roja. Lo abrió curioso. Páginas amarillentas. En la primera, arriba, reconoció la caligrafía firme del padre:


 "Nació hoy José Roberto. Casi cuatro kilos! Es mi primer hijo, un muchachote! Estoy orgulloso de ser el padre de aquel que será mi continuación en la Tierra!".
 
A medida que hojeaba, devorando cada anotación, sentía un dolor  en la boca del estómago, mezcla de dolor y perplejidad, pues las imágenes del pasado resurgieron firmes y atrevidas como si terminaran de pasar!

"Hoy, mi hijo fue a la escuela.  Es un hombrecito! Cuando lo vi de uniforme, me emocioné y le desee un futuro lleno de sabiduría.  La vida de él será diferente de la mía, que no pude estudiar por haber sido obligado a ayudar a mi padre. Para mi hijo deseo lo mejor.  No permitiré que la vida lo castigue".

Otra página… "Roberto me pidió una bicicleta, mi salario no da, pero él la merece porque es estudioso y dedicado. Pedí un préstamo que espero pagar con horas extras".
 
José Roberto se mordió los labios. Recordaba su intolerancia, de las peleas para tener la soñada bicicleta. Si todos los amigos ricos tenían una, ¿Por qué no podía tener la suya?

 “Es duro para un padre castigar a un hijo y sé que él me podrá odiar por eso; pero, debo educarlo para  su propio bien. Fue así como aprendí a ser un hombre honrado y esa es la única forma que se de educarlo".

 José Roberto cerró los ojos y vio la escena cuando por causa de una borrachera, hubiera ido a la cárcel aquella noche, si el padre no hubiera  aparecido para impedirle ir al baile con los amigos...
Recordaba el auto retorcido y  manchado de sangre que había chocado contra un árbol... Parecía oír sirenas, el llanto de toda la ciudad mientras cuatro cajones  seguían lúgubremente para el cementerio.

Las páginas se sucedían con cortas, y largas anotaciones, llenas de respuestas que revelaban, en silencio y tristeza, que el padre lo había amado.

El "viejo" escribía de madrugada. Momento de soledad, en un grito de silencio, porque era de esa manera como era el, nadie le había enseñado a llorar y a dividir sus dolores, el mundo esperaba que fuera duro para que no lo juzgaran ni débil ni cobarde. Y, ahora José Roberto estaba teniendo la prueba que, debajo de aquella fachada de fortaleza había un corazón tan tierno y lleno de amor.

La última página. Aquella del día en que había partido: - "¿Dios, que hice mal para que mi hijo me odie tanto? ¿Por qué soy considerado culpable, si no hice nada, sino intentar transformarlo en un hombre de bien?" "Mi Dios, no permitas que esta injusticia me atormente para siempre. Que un día el pueda comprenderme y perdonar por no haber sabido ser el padre que el merecía tener."

Después no había más anotaciones y las hojas en blanco daban la idea de que el padre había muerto en ese momento. José Roberto cerró deprisa el cuaderno, el pecho le dolía. El corazón parecía haber crecido tanto, que luchaba para escapar por la boca. No vio el micro entrar en la terminal, se levanto desesperado y salió casi corriendo porque necesitaba aire puro para respirar. La aurora rompía el cielo y un día comenzaba.

"Honra a tu padre y a tu madre para que  tus días de vejez sean tranquilos!" - alguna vez había oído esa frase y jamás había reflexionado la profundidad que ella contenía. En su egocéntrica ceguera de adolescente, jamás había parado para pensar en verdades más profundas. Para él, los padres eran descartables y sin valor como los papeles que son tirados a la basura. Aquellos días de poca reflexión todo era juventud, salud, belleza, música, color, alegría, despreocupación, vanidad. ¿No era él un semidiós? Ahora, el tiempo lo había envejecido, fatigado y también vuelto padre, aquel falso héroe.

En el juego de la vida, él ahora era el padre y sus actuales contestaciones. ¿Cómo no había pensado en eso antes? Seguramente por no tener tiempo, pues estaba muy ocupado con los problemas, la lucha por la supervivencia, la sed  de pasar fines de semana lejos de la ciudad, con ganas de profundizar en el silencio sin necesitar  dialogar con sus hijos. Jamás tuvo la idea de comprar un cuaderno de tapa roja para anotar una frase sobre sus herederos, jamás le había pasado por la cabeza escribir que sentía orgullo de aquellos  que continúan su nombre. Justamente él, que se consideraba el más completo padre de la tierra. La  vergüenza casi lo tiro con una lección de humildad. Quiso gritar, procurando agarrar al viejo para sacudirlo y abrazarlo, encontró solo el vacío.

Había una raquítica rosa roja en el jardín  de una casa, el sol terminaba de nacer. Entonces, José Roberto acaricio los pétalos y recordó la mano del padre podando, y cuidando con amor.
 ¿Porqué nunca percibió todo esto antes? Una lágrima broto como el rocío, e irguiendo los ojos para el cielo dorado, de repente, sonrió y se desahogo  en una confesión:


 "Si Dios me mandara a elegir, juro que no querría haber tenido otro padre que no fueras tu viejo!  Gracias por tanto amor, y perdóname por haber sido tan ciego."


“Habla, disfruta, abraza, besa, siente y ama a todas la personas que puedes ver y tocar. ¡Aprovecha! no esperes a que sea tarde"


 



Puntuación: 3.8/5 (5 votos)






Información del usuari@:

jabp09

Publicaciones: 52

Más información aquí

Lecturas: 1075 [ Conviviendo ] Publicado por jesus_briceno el 2009-06-10 17:04:04 Comentario(s): ( 2 )


Comentarios

Por Invitado: Josue P (16-06-2009 09:30) |  Buen Comentario Mal Comentario  +0 | + / -

Que historia mas interesante, apuesto a que a mas de uno le ha pasado algo por estilo y despeus de todo es que nos damos cuenta de lo importante de la familia.

En asuntos familiares los hijos tenemos que darle la oportunidad a nuestros padres para mejorar la relación y no simplemente alejarnos.

Saludos y gracias por el artículo.

Por Invitado: Francys (11-06-2009 12:41) |  Buen Comentario Mal Comentario  +0 | + / -

Muchas gracias Jesús por compartir esta historia. Para los que somos padres, representa una buena reflexión y una excelente oportunidad para ver las situaciones desde otro punto de vista. En muchas oportunidades olvidamos las cosas que hemos hecho como hijos, somos críticos y quizás duros con nuestros padres sin pensar que algún día lo serán con nosotros.

Pensemos en el futuro y aprendamos a amar y comprender a quienes darían la vida por nosotros aunque no nos los estén diciendo, pero solo con sus actos nos lo demuestran.

Feliz día

Comentario

Deberá iniciar sesión para enviar un comentario en esta publicación.