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El Maestro de la Alegría



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Una breve nota sobre el rol del docente, su desempeño, y las arbitrariedades de la vida que conducen al Maestro/a a un infeliz final de su carrera profesional causada por la injusticia social.

Ser maestro/a es una de las más insignes profesiones que puedan ejercerse en cualquier punto de la geografía universal; serlo de vocación da la oportunidad de entregar todo el sentimiento espiritual, de grandeza, de experiencia, que tiene dentro quien comparte el conocimiento con los infantes y adolescentes de su entorno social. Ser maestro/a no es una tarea fácil como muchos la interpretan. Requiere tiempo, dedicación, estudio, preparación, administración, planificación y disposición a los cambios que surjan en los diseños de currícula; por si fuera poco, ser maestro/a exige dotes de mediador porque dentro del aula y fuera de ella se suceden situaciones que ponen a toda prueba la capacidad humanística del profesional para dar respuestas oportunas y satisfactorias al representante y al estudiante que la requieran; ha de ser ingenioso y proactivo para crear una imagen agradable para niños/as, padres o representantes. Un/a maestro/a ideal debe ajustarse a las necesidades personales, físicas, biológicas y psíquicas de su grupo: compañeros, estudiantes y padres o representantes, para coadyuvar la resolución de conflictos personales e interpersonales; se convierte en: (a) médico, para detectar problemas de audición, lenguaje o cualquiera patología de alguno de sus discípulos; (b) terapista, para ofrecer una atención adecuada al niño/a que presenta alguna dificultad física e intelectual; (c) juez justo y equilibrado, para atender a todos y resolver sus diferencias o problemas; (d) consejero de las familias, para hacer propuestas de solución a problemas de la familia, además atender de lo relacionado con el ritmo de aprendizaje del estudiante, (e) padre y madre, para orientar, enseñar y establecer hábitos de higiene y salud, comportamientos adecuados, corregir faltas, desarrollar la competencia lingüística sana; (f) establecer valores útiles para la convivencia en sociedad. Muchas veces estos roles se dan sin la ayuda del grupo familiar del niño/a, lo que hace más difícil la tarea de Maestro/a. Piénsese por un momento lo difícil que se le hace a un padre o madre; más aún, a los dos juntos, mantener la paz y la armonía de dos o tres hijos; ahora, deduzca usted mismo/a, si ser Maestro/a no implica un gran esfuerzo, conocimiento, diseño y manejo de estrategias eficaces para dar atención integral satisfactoria a cada una de las individualidades que pudieran estar presentes en un grupo de treinta y ocho estudiantes. Ser maestro/a es estar dispuesto/a a aceptar el ser juzgado/a con injusticia cuando se le asignan tareas indignas dentro de la institución (hay casos en Venezuela donde al Maestro/a se le exige participar en actividades como las vendimias en sitios públicos de los pueblos y ciudades donde el principal producto de venta es la cerveza, a pesar de enseñarse en la escuela que el consumo de alcohol es perjudicial para la salud). Otro acto de injusticia ocurre cuando los padres, madres y representantes acuden a los centros de educación a vociferar o desacreditar la actuación del docente sin conocer a fondo los sucesos donde su representado/a ha participado. Ser Maestro/a es estar dispuesto/a a ser despreciado/a en el futuro por quienes un día fueron parte del grupo con quien compartió durante uno o más lapsos académicos alegrías y tristezas. Muchos profesionales se encuentran cara a cara en una calle, oficina o centro comercial con su antiguo/a maestro/a y evitan saludarle, dirigirle la palabra. El saludo es esencial para el individuo; en la escuela se enseña como una norma. Es una acción simple y sencilla que llena de emoción al maestro. Cuando un ex-alumno intercambia experiencias, conversa o saluda a su maestro de otros tiempos, este se siente reconocido, lleno espiritualmente, satisfecho porque su trabajo dio los frutos esperados; pero lamentablemente, en el ejercicio de la docencia se cumple a cabalidad la parábola de “El Sembrador”, ...algunos granos cayeron a la orilla del camino y vinieron las aves y se los comieron; otros cayeron en pedregales y pronto murieron
porque no pudieron echar raíces… y las que cayeron en tierra buena crecieron y dieron fruto a ciento por uno
Ser maestro/a también tiene sus recompensas porque con el pasar de los años se van cosechando logros académicos en aquellos que un día fueron “mis estudiantes”; unos, a punto de graduarse; otros, ya graduados. El/la Maestro/a siente en su interior gran satisfacción porque siente como suyo el logro de aquellos que un día estuvieron en su grupo de discentes; siente que de alguna manera ese logro lleva intrínseco parte del esfuerzo propio por haber sido parte de la formación del personaje cuando éste fue estudiante. Ser Maestro/a tiene otras implicaciones; después de una vida útil dedicada a la docencia llega el momento que todo trabajador anhela: su jubilación. En esta etapa de la vida la persona alcanza un alto nivel de conocimientos, experiencias, aptitudes y años de servicio, pero aunado a esto, luego de haber sorteado incontables penurias por los malos servicios de atención social de IPASME, también ha acumulado altos niveles de estrés, deficiencias orgánicas, limitaciones para alimentarse e incapacidad física para realizar algunas actividades, el docente recién jubilado debe esperar cinco o más años para recibir una de las más bajas prestaciones sociales, con las cuales sólo alcanza para cumplir algunos de los compromisos asumidos; es decir, aparte de ser duro el trabajo durante su vida de trabajador activo; la paga no se corresponde con el sagrado trabajo que realiza y por si fuera poco, la utilidades producto de sus treinta años promedio de servicio tardan tanto en llegar que numerosas ocasiones el beneficiario muere (de mengua) sin llegar a disfrutarlas. Por lo tanto, es conveniente que las autoridades gubernamentales y, muy especialmente, las administrativas del Ministerio del Poder Popular para la Educación hagan una revisión exhaustiva de los trámites administrativos para que cada docente jubilado reciba con alegría el beneficio de sus años de servicio sin tanta mora y espera. Es justicia social,que se le pague oportunamente al docente jubilado sus prestaciones sociales, por ser este un beneficio ganado por el trabajador educacional para los momentos más agobiantes de su vida, la Tercera Edad. C. Monzalez

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c. Monzalez

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Lecturas: 3354 [ General ] Publicado por monzalez el 2008-04-21 20:02:01 Comentario(s): ( 0 )


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